Revuelto de entrañas

Era un revoltijo sin trabar.

Un manojo de eso-que-llaman-sentimientos imposible de agarrar, incluso con las dos manos.

O no, tal vez eran pensamientos.

Eran “cosas” que le revolvían las entrañas.

Un revoltijo de huevo con ajos tiernos, decían en su casa.

Un atajo de mentiras racionales que sabía a mata y maleza, a cenizas y a enredo.

Escupió.

Se limpió la boca. Y se miró al espejo.

Advirtió que lo único que salía de su cabeza era pelo enredado.

Era un revoltijo sin trabar.

Empezó a peinarse.

 

http://lamonomagazine.com/las-wawas-sentimientos-enredados/#.U1QdrlV_vp0

 

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De blog en blog… y viviendo ‘abroad’

De blog en blog…y tiro porque me toca. Tranquilos, que no os vamos a abandonar.

Yo me mudo, como las estaciones, y os presento un nuevo site dedicado a los españoles en el extranjero: Viviendo Abroad.

Anécdotas, historias de terror (ahora que se acercan estas fechas), cotilleos, artistas, “fugas de cerebro”… Idas y venidas, vueltas a la home. El pan de cada día. ¡Y algún que otro cotilleo, xè, Mariu!

Siempre intentando no perder de vista la calidad de nuestros textos, nuestras vivencias como viajeros, las fotografías que no se pierden, los entrevistados que más valoramos.

Lo mejor es que entres y nos critiques…Porque continuamos trabajando (véase la foto) y luchando por un mundo mejor, y por sacarnos las castañas del fuego. Enjoy!

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P.D. Pipas con Piel es mi primera criatura, no la dejaremos desamparada.

 

 

Edulcorante

Hoy ha sido (está siendo, más bien) un día, cómo decirlo… De mierda. Me he dado cuenta de esto hace un minuto, hace dos no se estaba tan mal. A veces, el viaje de los que vamos en noria es así, caprichoso, que no lo entiende ni su puta madre, vaya. Bajas, subes, subes, bajas. Y no pidas un descanso mientras estás en el aire, que este trasto solamente se para de vez en cuando (en realidad, nos mola tropezarnos con el suelo, porque luego vienen las caricias al cielo). Lo peor, e infructuoso, más veces de las que nos pensamos, es buscarle una razón.

En el camino de descenso, me han entrado ganas de vomitar. Cosas que pasan en las norias, ya. Y antes de pensar sobre qué escribir, he entrado en el blog y me he puesto a rellenarlo, como sigo h-a-c-i-e-n-d-o… El sentimiento ha podido. El hombre (o la mujer) que conduce el trasto se llama Instinto.

Lo bueno de los días de mierda es que los siguientes son la ostia.

Hasta las palabras de este post necesitan una buena dosis de edulcorante.

Voy a cenar.

Fin del drama.

 

aspartamo

Swimming

Yo soy de las que piensa que la mayoría de cosas están dichas, pensadas. La mayor parte de las historias, contadas; las grandes recetas, inventadas y cocinadas. A las pruebas me remito. Esta tarde, después de comer, me sentía feliz al pensar que iba a escribir, por fin, un nuevo post y titularlo así: “Es hora de nadar o hundirse”. He “googleado” por curiosidad y había cientos de entradas con esta maravillosa y metafórica frase que yo creía que había inventado el guionista de Coyote Ugly. Dulce ignorancia la mía. Pero, vaya, sí que creo en los “refritos” con futuro, y en la importancia de rescatarlos.

“Es tiempo de seguir nadando. A cada cual, su estilo (aconsejamos que no sea en modo “dorso”, para no perderse ni un detalle del recorrido). Volver a coger el ritmo…poco a poco. La meta, por una vez, no será la tierra firme, sino que contará cada brazada, cada respiración. Cada impulso. Disfrutaremos del trayecto, sin volver la vista atrás, por su unicidad, por su sabor efímero. No nadaremos en solitario. Miles de cabezas asomarán, entre las aguas. Por cada brazo que intente hundirnos, habrá otro que nos ayude a salir a flote. Y, si no, siempre confiaremos en nuestra técnica. Keep on swimming.”

El suicidio del corazón

(microrrelatos para pasar el rato)

Al verlo, no tuvo más remedio que agacharse. “Pobre pequeño”. Sangraba por los cuatro costados; lógico, era un corazón.

Había visto vísceras de todo tipo desde que aquel día optó por montar su casa en pleno centro de Londres, sirviéndose de cuatro cartones malolientes. Riñones, hígados, intestinos viscosos. La calle era para todos, vivos y muertos. Sin exclusión. Pero un corazón…nunca lo hubiera imaginado. Entendía a los moribundos cerebros que se precipitaban hacia el río desde sus balcones, en un intento desesperado de acabar con un sufrimiento que se alimentaba de cada pensamiento obsesivo, de cada preocupación insana. Incluso empatizaba con los estómagos que acababan con su vida, cansados de digerir palabras necias.

Cogió un trapo y comenzó a limpiar el suelo –al fin y al cabo, estaba dentro del perímetro de su aireada casa-. “Zas”. Algo le había golpeado en la cabeza. Era el diario sensacionalista londinense. “El órgano vital”, se llamaba. De pronto se dio cuenta de lo desconectado que estaba de la realidad. En una visión dañada por el papel aguado se intuía un titular: “El suicidio del corazón, un asunto al rojo vivo”. No supo reaccionar. Se quedó helado. Una sensación extraña que no solía experimentar, puesto que él también era un corazón.

(imatge d’Alba Wäwä)

Concurso de microrrelatos (Diario Información) Por Marta Rosella G.D.

Deseaba tanto esa mañana soleada que la estranguló con todas sus fuerzas. Abrió los ojos. La luz se había extinguido. Junto al café, el periódico INFORMACIÓN se empapaba de los restos de ansia nocturna, vino y otras delicias. Aromas dulces y amargos, esparcidos indiscriminadamente. Vista, olfato, oído, gusto, tacto. Reminiscencias intensas que atraviesan los cinco sentidos. Tiago devoraba la esencia de cada objeto hasta desproveerlo de su sentido. La habitación respiraba Chateau Maurac. Pero él no recordaba nada. No era resaca. Los labios marcados en las copas ahumadas era lo único que había probado esa noche. La fragancia chilena que inundaba el comedor yacía en el sofá. Los últimos “tequieros” pasaban fugazmente por su mente y se ahogaban en el café, ya frío. Él la había despedazado con la mirada, esforzándose en no olvidar su tacto, avanzándose al recuerdo. Había consumido a tragos su existencia. Llegaba tarde a trabajar.