De blog en blog… y viviendo ‘abroad’

De blog en blog…y tiro porque me toca. Tranquilos, que no os vamos a abandonar.

Yo me mudo, como las estaciones, y os presento un nuevo site dedicado a los españoles en el extranjero: Viviendo Abroad.

Anécdotas, historias de terror (ahora que se acercan estas fechas), cotilleos, artistas, “fugas de cerebro”… Idas y venidas, vueltas a la home. El pan de cada día. ¡Y algún que otro cotilleo, xè, Mariu!

Siempre intentando no perder de vista la calidad de nuestros textos, nuestras vivencias como viajeros, las fotografías que no se pierden, los entrevistados que más valoramos.

Lo mejor es que entres y nos critiques…Porque continuamos trabajando (véase la foto) y luchando por un mundo mejor, y por sacarnos las castañas del fuego. Enjoy!

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P.D. Pipas con Piel es mi primera criatura, no la dejaremos desamparada.

 

 

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Entrevista a los creadores de los carteles de ‘Blancanieves’ (publicada en el diario Información de Alicante el miércoles 24 de octubre)

Punto y aparte

Conrad Roset, Jordi Rins y Guim Tió

AUTORES DE LOS CARTELES DE BLANCANIEVES

Texto y fotografía de Marta Rosella Gisbert Doménech   

Son seis, en vez de siete, los enanitos. Pero Blancanieves, la encargada de representar a España como película de habla no inglesa en los Òscar, es más que un guiño al cuento de hadas. Como asegura Jordi Rins, artífice del cartel fotográfico: “Quiero pensar que hemos participado en un proyecto diferente, no en una película de cine”. Traemos una entrevista a tres bandas: además de Rins, hablamos con Guim Tió y Conrad Roset, autores del cartel artístico que colgó del Gran Teatro del Liceu de Barcelona y de la Zarzuela de Madrid durante la presentación oficial del filme. Los artistas nos abren las puertas de su taller en Gràcia. *[modificado en la publicación]

“QUIERO PENSAR QUE HEMOS PARTICIPADO EN UN PROYECTO DIFERENTE, NO EN UNA PELÍCULA DE CINE”

¿Cuándo os contactan para que realicéis los dos carteles, el fotográfico y el artístico?

J.R.: “Hace dos o tres años me llamó la productora para plantearme el proyecto. Con un ilustrador y las ideas que teníamos, preparamos todo el dossier, el libro, en formato antiguo, con el objetivo de buscar subvenciones. El año pasado me llamaron para decirme que la iniciativa seguía adelante y que empezaban a necesitar más material. Me encargué de las cartelas del diálogo y del narrador que aparecen en la película, de los créditos del inicio (típico de las películas de antes). Al estar tan implicado, le comenté a la productora que me hacía ilusión hacer el póster y me dijeron que sí, que me daban esa opción. Yo soy muy cinéfilo, me gusta mucho todo el tema de los carteles; de pequeño veía como mi padre pintaba a gran tamaño carteles de cine, ya que antes las salas no podían reproducirlos en estas dimensiones y, para ello, contrataban a pintores. De ahí que siempre yo haya tenido el gusanillo de hacer pósters de películas.”

¿Por qué escogiste como protagonista del cartel a Maribel Verdú?

J.R.: “Tenía que concentrar toda la historia en el cartel, del que realicé, no una ni dos ni tres… sino varias propuestas. Escogí a Maribel Verdú porque es el elemento clave de la película; al final tiene mucha presencia, se ‘come’ a todos. A nivel estético, es el personaje con más elementos folclóricos. Es la que da más juego. Principalmente, como Blancanieves siempre puede caer en el tópico de ser una película de animación o infantil y el director no quería, destacamos a la malvada.”

¿Cuál ha sido el elemento que más ha costado del cartel?

J.R.: “La tipografía de Blancanieves no existe. La he tenido que hacer yo… y ha costado bastante. El director me pasó una que le gustaba mucho, muy parecida a la de la película de El halcón maltés, con Humphrey Bogart, bastante gótica. A mí me gustó pero no me entusiasmó. A partir de esta tipografía, cogí otra que me gustaba y la distorsioné.”

Habladnos del cartel artístico. Lo más laborioso.

G.T.: “Siempre están los acabados. Al llevarlo a imprenta, vimos que el papel y el tipo de póster no eran los adecuados. Por otro lado, teníamos bastante libertad: de hecho, no nos preocupó que la figura se pareciera a Maribel Verdú, porque para eso ya se ha hecho el fotográfico. Nuestra intención era sintetizar al máximo y eliminar lo que no fuera importante.”

 ¿Os limitó el hecho de que fuera en blanco y negro?

G.T.: “Sí. Intentamos poner algo de color, rojo, concretamente. Pero el definitivo es en blanco y negro, siguiendo la lógica de la película.”

¿Qué materiales habéis utilizado?

C.R.: “Linóleo. El montaje es con ordenador. Pero siempre intentamos que este último se asemeje a las técnicas manuales lo máximo posible, eliminando lo que resulte artificial. Está hecho con muchas planchas diferentes. Nos fue muy bien porque, a pesar de que era la primera vez que trabajábamos juntos, Guim controla más la parte de linóleo y yo (Conrad) la digital. Nos complementamos.”

¿Qué os ha parecido la película?

J.R.: “Me ha encantado. Ya la he visto tres veces, y también sin efectos. Quiero pensar que hemos participado en un proyecto diferente, no en una película de cine.”

G.T.: “La estética y el vestuario, lo mejor.”

C.R.: “La dirección de fotografía es un diez.”

¿Óscar?

C.R.: “Yo creo que es difícil.”

G.T.: “Para mí, el hecho de que represente a España, ya es un premio.”

C.R.: “Yo me lo tomo como un trabajo más en nuestra carrera.”

G.T.: “Sí, pero si gana un Óscar, compraremos uno y lo pondremos aquí, en el taller (risas).”

Pensamientos irreversibles

“Irreversible: que no es reversible”. La RAE. Pues vaya ayuda… Cuando buscas un significado más aproximado de una palabra que, de por sí, te está comportando demasiada inquietud mental una mañana, hasta la RAE te falla.

El mundo tiene demasiados pensamientos. La gente se aprovecha de ellos para justificarse, escudarse, rendirse, “sadomasoquizarse”, rendirse otra vez… Hay sentimientos que sirven para eludir otros sentimientos.

En mitad de todo este desorden, en un rinconcito del armario, se encuentran los pensamientos reversibles. Nos miran inseguros, pendientes de nuestra aprobación, de nuestra interpretación. No se fían de nosotros. Un día, nos apetece combinarlos con el rencor; otro, los sacamos con la esperanza de que luzcan más espléndidos que nunca. Son contenido y contingente, son de todos los colores. Sí, la verdad es que son útiles.

Aunque no sean demasiado auténticos aparentemente, forman parte de nuestro vestuario. Y, sobre todo, tienen una función vital; saben apartarse y dejar hueco cuando llega uno de los fuertes, de los desafiantes, de los irreversibles. Los pensamientos que no nos harán cambiar jamás de idea, o que nos la hacen cambiar para siempre. Este es el gran momento del día. Porque hay sentimientos que combinan con todo. 

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 IЯЯƎVƎЯSIBLƎ (2002)

Dystopia

Veo esta fotografía y me entran ganas de vomitar. Una fuerza sobrenatural me obliga a ponerme frente al ordenador y volcar todas las sensaciones que se han colado en mi mente, y que van a un ritmo más acelerado del que se mueven mis dedos por el escurridizo teclado. Estos, atados a mis pensamientos pero con ganas de escapar, tal y como ocurre con los apéndices de la protagonista de la imagen.

Es la serie Dystopia, del fotógrafo Jamie Baldridge. La encontré hace un par de días en Lamono magazine. “Dícese de la utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal…”.

“Utopía perversa”. Antes de aproximarme a Baldrigdge, esta afirmación me hubiera resultado paradójica, ya que el primer concepto me lleva a pensar siempre en positivo. Ahora, una vez captado su mensaje (el que yo personalmente interpreto, no el único, por supuesto), comprendo que se trata de un gran oxímoron plástico que fuerza al nacimiento de un nuevo significado.

“…Término antónimo de utopía que se usa principalmente para hacer referencia a una sociedad ficticia (frecuentemente emplazada en el futuro cercano) donde las tendencias sociales se llevan a extremos apocalípticos”.

Tres son los conceptos que guían al espectador hacia las profundidades de la imagen: “nostalgia”, “memoria” y “barroquismo francés”. Así lo explica la revista, que, además, habla de “ciencia ficción”. Parece que los primeros son más fáciles de percibir. El cuarto, sin embargo, requiere un proceso deductivo –o inductivo, según se mire.

La protagonista podría llamarse perfectamente Victoria. O Helena -la“h” imprime un carácter más arcaico al mensaje-. Se encuentra en un momento de éxtasis sensorial y artístico. En la filosofía del arte, se diría que es el instante en que el genio se manifiesta. La pulcritud que se respira en escena, favorecida indudablemente por el color blanco, conduce a la idea de libertad. No obstante, dos elementos distorsionan la musicalidad del momento. El primero, explícito: se trata de la jaula, que consigue agobiar hasta al propio espectador. El otro, más sutil, son los hilos, que, objetivamente, atan los dedos de Victoria Helena a las plumas.

Pero sin los dos símbolos represores del movimiento –físico, además de metafórico-, el observador no consigue ver lo sublime que se desprende de la imagen. La idea global de libertad, de belleza formal, se complementa con elementos aparentemente opuestos. Se representa una mente que, a pesar de estar atrapada y silenciada, logra materializar sus pensamientos a través de unas plumas. El producto final, unos dedos bailando al son de la intuición. Una situación catastrófica provoca el renacer de lo bello. El arte y el no-arte. Un todo inseparable.

No me canso de ver esta imagen. Es por su completitud. Y por su belleza. “Distopía”, el tercer concepto que surge al sumar “utopía” y “perversión”, es una mezcla de imaginación y maldad, del deseo manchado por la locura, de extremos que se tocan. Es realidad.