De blog en blog… y viviendo ‘abroad’

De blog en blog…y tiro porque me toca. Tranquilos, que no os vamos a abandonar.

Yo me mudo, como las estaciones, y os presento un nuevo site dedicado a los españoles en el extranjero: Viviendo Abroad.

Anécdotas, historias de terror (ahora que se acercan estas fechas), cotilleos, artistas, “fugas de cerebro”… Idas y venidas, vueltas a la home. El pan de cada día. ¡Y algún que otro cotilleo, xè, Mariu!

Siempre intentando no perder de vista la calidad de nuestros textos, nuestras vivencias como viajeros, las fotografías que no se pierden, los entrevistados que más valoramos.

Lo mejor es que entres y nos critiques…Porque continuamos trabajando (véase la foto) y luchando por un mundo mejor, y por sacarnos las castañas del fuego. Enjoy!

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P.D. Pipas con Piel es mi primera criatura, no la dejaremos desamparada.

 

 

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Estrenos: las chicas de Philipe Le Guay

Esta semana se estrena “Las chicas de la sexta planta”, o cómo un grupo de españolas exiliadas en el París de los sesenta, dedicadas a las tareas del hogar, es capaz de cautivarnos con sus idas y venidas, subidas y bajadas.

Una película francesa con tres apellidos españoles sonoros: Maura (que recibe el César a la Mejor Interpretación de Reparto), Verbeke (de eco argentino) y Dueñas. Esta última, espectacular, la nota discordante entre tanta creencia religiosa. Se trata de una comedia sentimental, de mucha psicología de ambiente, y de valores todavía en el aire. Un bello y pintoresco retrato de grupo, no demasiado forzado, y del momento, de vestuario acertadísimo y toques de humor que enganchan a la pantalla. La atmósfera de Le Guay tiene un “algo” sabroso, dulce, delicado. Mucho tiene que ver en este sentido el personaje masculino interpretado por Fabrice Ludini quien, junto a Natalia Verbeke, nos deleita con una historia de amor aliñada con libertad y nostalgia de futuro que atrapa.

El espectador sigue a las chicas de la sexta planta mientras suben, paulatinamente, los peldaños de la escalera de sus respectivas anécdotas, y echa la mirada atrás unos cuarenta años, como ellas. Es una trama que no promete más de lo que da, pero llega. Eso sí, lo de chicas Almodóvar a la francesa no lo tengo tan claro. Procuremos no tropezarnos con algunas afirmaciones exageradas.

Por Marta Rosella Gisbert Doménech

Banderas, un super-gato

Ir a ver “El gato con botas” en un día lluvioso puede resultar bastante irónico. Ahí estábamos los interesados, ataviados con los vestidos marginales e indefinibles del armario (ni de invierno ni de verano) y el calzado al estilo esto-es-el-fin-del-mundo, esperando a que un tempranero cine Icaria nos abriera sus puertas. También con el deseo de poder refugiarnos de la llovizna. Algunos habíamos almorzado ya, otros esperaban poder hacerlo con las psicodélicas gafas de las tres dimensiones. Una sesión matutina y singular, sin intención de énfasis. Verdad verdadera.

Y así de real y humano resulta ser el protagonista homónimo de “El gato con botas”, en su versión hispana. Tras acostumbrarme al incómodo ceceo del minino, disfruté de las aventuras de este personaje secundario de Shrek que ha conseguido alzarse, por fin, con un papel protagonista, después de que el público lo descubriera en la saga del ogro verde y quisiera más. La misma suerte no parece correr con su compañera de reparto, Kitty “Zarpas suaves”, el acento mexicano de Salma Valgarma Hayek, quien no logra empatizar como Banderas con su personaje animado.

Sin duda, el elemento que me mantuvo enganchada a la pantalla fueron las gafas. Y no solo físicamente. El efecto 3D es un éxito en “El gato con botas”. Miles de paisajes e imágenes ilusorias sumergen de lleno en las persecuciones, gestos y diálogos, exceptuando algún objeto borroso que se presenta demasiado cercano a la vista.

Y otro de los fuertes es precisamente este último; el diálogo. Las conversaciones entre los malos, los bandidos Jack y Jill, son buenísimas. Junto al final semi-cerrado, es el ingrediente clave para considerarla una película apta para adultos.

Por suerte, al salir del cine, ya ni siquiera chispeaba. Pero no podíamos quitarnos las botas…tampoco de la cabeza. Una peli que mezcla la previsibilidad de los referentes clásicos con la sorpresa de la novedad. Sobre todo, entretenida, sin pretensiones.