¿Sabéis que un periodista también tiene derecho a decir NO? Señores, el periodismo se paga

Hace menos de una semana, me citaron para una entrevista en la que buscaban periodistas. La primera impresión fue de regular a bastante mejor, pero las dos reuniones consecutivas fueron las gotas que colmaron el vaso. La situación era esta: dos empresarios de sesenta años quieren a alguien que les lleve un blog, busque anunciantes y edite una revista. Ninguno de los dos tiene ni idea (NI IDEA) de cómo funcionan las nuevas tecnologías. El problema no es este, sino que pagan una miseria por un trabajo que ni siquiera saben (o quieren) valorar. Mi estado de confusión acabó cuando, en el tercer encuentro, conocí a la que iba a ser mi compañera en el puesto. Compartimos opiniones y nos sentimos suficientemente fuertes como para poner las cartas sobre la mesa y plantar cara a esta gente que, me gustaría pensar que solamente por ignorancia, aunque no estoy segura de ello, intentó timarnos. Así, claramente. Esta es la respuesta, conjunta, que le hemos dado a la empresa. Me siento decepcionada por mí y por la profesión en general, pero ha sido un alivio ver que la dignidad no me la ha quitado nadie. Ah, todavía no hemos obtenido respuesta a la carta.

“Buenos días, señor x.

Hemos tomado una decisión conjunta (M y M): consideramos desde un principio que el trabajo que nos pedís requiere un esfuerzo que no se ve reflejado en el salario que ofrecéis. Entendemos que las nuevas tecnologías son un aspecto que escapa a vuestros conocimientos pero, como profesionales, no podemos permitirnos una nueva degradación de nuestra profesión. Por este motivo, pedimos una cantidad fija mínima al mes de x euros cada una, para cubrir las horas que dedicaremos a la creación del blog, la búsqueda de anunciantes…entre otras tareas especificadas. El tiempo es oro y los periodistas también somos mano de obra que quiere cobrar, como cualquier diseñador, publicista… de su empresa. Tengáis o no idea de cómo está el tema, pagar un salario por horas es algo tradicional, que se ha hecho toda la vida, vamos.
Además, necesitaríamos un replanteamiento claro de lo que buscáis, saber por dónde van los tiros, o dejarnos total libertad y confiar en nuestras competencias.
Atentamente,
M y M”
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Podría echarte de menos, pero lo haré de más

Podría decirte que te he estado echando de menos toda una vida, aunque realmente no tuviera un sentido (casi ni sintáctico ni semántico). Podría convencerte de que ahora mismo estoy exprimiendo naranjas pensando en tu amor, de que eres el culpable de mis ya-no-tan-frecuentes noches de insomnio o de que voy perdiendo sentimientos por la calle si te cruzas en el camino de mi mente. Podría prometerte un mundo de cosas que no sé cómo asimilar, llorarte en todas mis canciones preferidas para luego perderte entre líneas de textos personales y algo huérfanas.

Podría, podría… pero no lo haré. Ahora, la verdad, porque no tengo tiempo y me espera una bronca en el trabajo. ¿Antes? No hubiera tenido sentido. No lo hubiera tenido, no, porque hubiera sido una distracción mezclada entre tus abrazos, tus besos… tu lengua en general. Estábamos demasiado distraídos en el gerundio. Y, ahora, es tarde para echar de menos esa realidad, aquella que superó expectativas. Ni aún queriendo. En todo caso… podríamos volver a echarla de más.